Llegas hasta mi estómago,
luego sales, masajeas y desparasitas cada papila gustativa.
Hiedes a vómito.
Nos vuelves yonquis...
Yonquis Freudianos en caída libre.
Predicas lo que pisoteas y escupes.
Lloras, sufres, paranoiqueas, haces gárgaras
con tu imperfección enfermante.
Alejas toda la escena color panacea
con una sola palabra,
con dos letras,
con una advertencia que hace dudar de los tiempos.
Será un día?
Serán dos?
No!
Es una horrenda eternidad,
un espacio estresantemente permeabilizado y auto inferido.
Una atrocidad opiácea, lechosa, tibia y moribunda...
Aplastante en el momento de silencio,
degustación encarcelada bajo siete llaves.
Luego, vuelves a mi estómago...
Y después te vas a la mierda.
miércoles, 6 de febrero de 2008
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